Solas en el paraíso: el teatro contra el pacto de silencio

En Santa Cruz de la Sierra, donde el calor no siempre se mide en grados sino en insistencias, un grupo de artistas ensaya una historia que no debería repetirse. Afuera, la ciudad sigue con su ruido de mototaxis y mercados. Adentro, en una sala prestada por la Escuela Nacional de Teatro de Bolivia, tres mujeres intentan recordar lo que no recuerdan. Ensayan el olvido.

El 23 de febrero comenzó el montaje presencial de Solas en el Paraíso, una obra que nació lejos, en pantallas, en llamadas, en archivos compartidos entre Bolivia y Colombia, y que ahora respira en cuerpos. La coproducción entre Cabra Teatro y Teatro El Paso es, en apariencia, otro proyecto internacional. Pero debajo hay otra cosa: una herida que vuelve a abrirse con cuidado, como si el teatro fuera una forma de no dejarla pudrir.

El texto es de Fernando Morón, nacido en Vallegrande, y está inspirado en hechos reales ocurridos en 2009 en la comunidad menonita Manitoba, en el oriente boliviano. La noticia, en su momento, cruzó fronteras: hombres que anestesiaban a mujeres durante la noche, cuerpos que despertaban sin memoria, comunidades que respondían con silencio. Lo que hace la obra no es reconstruir el expediente. Hace otra cosa: entra en la cabeza de las víctimas cuando ya no hay relato posible.

Tres mujeres. Ninguna recuerda. O recuerdan como se recuerdan los sueños: con huecos, con miedo, con la sospecha de que algo pasó aunque nadie quiera decirlo. ¿qué se hace cuando la fe no protege?

La dirección está a cargo de César Augusto Castaño Giraldo, un hombre que lleva más de veinte años trabajando con materiales incómodos: memoria, violencia, historia. No viene a explicar Bolivia. Viene a escucharla. Su método, dicen los actores, no busca respuestas rápidas. Trabaja desde el cuerpo, desde la repetición, desde el error. En escena no hay personajes cerrados, hay presencias que se construyen como si cada ensayo fuera el primero.

El elenco mezcla acentos y biografías. Está la actriz colombiana Camila Sanz y están las bolivianas Sarah Faride y Victoria Soruco, junto a José Gabriel Sánchez. No solo actúan: producen, gestionan, sostienen. En el teatro independiente, el escenario empieza mucho antes del escenario.

El proyecto fue seleccionado en 2023 por Iberescena, un fondo que permite que estas alianzas existan más allá de la voluntad. Que Santa Cruz esté en ese mapa no es un detalle menor. Durante años, la escena boliviana trabajó en los márgenes, con presupuestos mínimos y circulación limitada. Este tipo de apoyos no solo financian: legitiman. Abren puertas, pero también exigen altura.

Solas en el Paraíso no es una obra “sobre” una comunidad menonita. Es una obra sobre el silencio. Sobre cómo las estructuras, religiosas, familiares, sociales, pueden volverse cómplices cuando lo que está en juego es el orden. Y sobre cómo ese orden se sostiene muchas veces en el cuerpo de las mujeres.

Hay algo incómodo en mirar. Algo que el teatro no disimula. A diferencia del cine o la televisión, aquí no hay corte. El espectador comparte el mismo aire que los actores. Si una respira mal, se nota. Si una duda, también. Esa fragilidad es, quizás, lo más honesto de la propuesta.

La temporada de estreno será del 19 al 24 de marzo en la Casa de la Cultura Raúl Otero Reiche. Las funciones para público general están previstas el jueves 19 y viernes 20 a las 20:00. Habrá también funciones para estudiantes, porque esta obra, como todas las que incomodan, necesita espectadores jóvenes, capaces de hacerse preguntas sin la costumbre del silencio.

No es una obra fácil. No quiere serlo. No ofrece consuelo ni moraleja. Lo que ofrece es otra cosa: un espacio donde la memoria, aunque fragmentada, insiste. Donde tres mujeres sin recuerdos construyen, escena a escena, una forma de decir.

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